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Fondos públicos en Chile: Herramienta para emprender, con desafíos por mejorar

Por Ximena Belmar

En Chile, hablar de fondos públicos para emprender es hablar de una herramienta que realmente puede influir en el desarrollo económico y social del país. Lo veo constantemente en mi trabajo con emprendedores y emprendedoras: cuando estos apoyos se usan bien, pueden marcar una diferencia real, no solo para quien recibe el financiamiento, sino también para su familia, comunidad y el entorno donde se desarrolla el negocio.

Muchas veces se dice que los fondos públicos son un regalo, que la gente se acostumbra a depender del Estado o que no generan resultados concretos. Pero cuando uno mira la realidad, se da cuenta de que no es tan simple. En Chile, más de un millón de las empresas son micro, pequeñas o medianas y además generan cerca del 48% del empleo. Por lo tanto, cuando se apoya a un emprendedor, no se está ayudando a un caso aislado, se está fortaleciendo una parte importante de la economía del país.

También es importante entender que no todos los emprendimientos nacen por las mismas razones. Según la Encuesta de Microemprendimiento, muchas personas emprenden por oportunidad, pero la mayoría lo hace por necesidad, porque no tiene otra alternativa laboral o porque necesita generar ingresos para su hogar. Este punto es clave, porque demuestra que los fondos públicos no cumplen una sola función: para algunos son una puerta de entrada a la autonomía económica, y para otros son una herramienta para crecer, innovar o generar empleo.

Ahora bien, también hay que hablar con honestidad: los fondos públicos no son mágicos. No solucionan un mal modelo de negocio, no reemplazan la falta de planificación y tampoco aseguran que un emprendimiento sea exitoso. Muchas veces veo proyectos que no se adjudican un fondo no porque sean malos, sino porque no logran explicar bien lo que hacen, no tienen claridad en sus costos o no justifican correctamente para qué necesitan el financiamiento.

Otro problema frecuente es que el sistema no siempre es fácil de entender. Existen muchos fondos, distintas instituciones, requisitos diferentes y procesos que pueden ser largos. A veces los emprendedores se frustran porque postulan varias veces sin saber si el instrumento era el adecuado para su etapa. Bajo este contexto, creo que uno de los grandes desafíos es que los apoyos públicos estén más conectados entre sí y que acompañen mejor el proceso completo del emprendimiento, no solo el momento en que se entrega el dinero, si no que previo a la postulación, durante y posteriormente (adjudicado o no el financiamiento).

A pesar de eso, estoy convencida de que los fondos públicos sí valen la pena. He visto cómo un subsidio bien utilizado puede ayudar a que una persona se formalice, aumente sus ingresos, genere empleos, innove atreviéndose a hacer algo que antes veía imposible. Y cuando eso pasa, el beneficio no es solo individual, también es social.

Más que discutir si deberían existir o no, creo que el foco debería estar en cómo hacer que funcionen mejor. Que sean más claros, más oportunos, más cercanos a la realidad de los emprendedores y más enfocados en acompañar procesos, no solo en entregar recursos. Chile necesita fondos públicos para emprender, pero también necesita que estén mejor articulados y que permitan avanzar paso a paso, desde la idea inicial hasta el crecimiento del negocio, sin tener que empezar de cero cada vez.

Desde mi experiencia, el mejor consejo para quienes quieran postular es simple: no postular por postular. Es fundamental entender en qué etapa está el emprendimiento, elegir bien el fondo y tener claridad en lo que se quiere lograr. Cuando eso pasa, el financiamiento público deja de ser solo un apoyo económico y se transforma en una verdadera oportunidad de crecimiento.

El desafío ahora es avanzar hacia un sistema que no solo financie el inicio, sino también el crecimiento y la consolidación de los negocios. Porque si queremos que el emprendimiento tenga un impacto real en el país, no basta con plantar la semilla, también hay que acompañar todo el proceso hasta que el proyecto pueda sostenerse en el tiempo.